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En este espacio estamos incluyendo vuestros relatos y experiencias para compartir.

Para empezar abre tu corazón y luego haz Click sobre el relato que quieras leer.

Emma nació en casa !!!

Nerea y Allen

Fran, Miguel y Nicolás

Sonia y Ariel. "Su Ser se manifestó enseguida ..."

Nacimiento de Rubén, Relato de Lucía Sánchez Valdehita

Nacimiento de Nohan

Nacimiento de Maya

Nacimiento de Edurne: Relato de Ama; relato de Aita

Emma nació en casa!!!

El relato de Verónica.

Pasados unos días, creo que ya puedo escribir como fue mi experiencia de parto.

Empecé con contracciones irregulares el lunes a las 4.30 de la madrugada y estuve así hasta el martes a las 6.00 más o menos que empezaron a ser regulares cada 5 min, y después de esperar 1hora, llamé a mi chico para que me hiciera compañía, y la verdad es que las contracciones se notaban menos así; al cabo de un rato, decidimos llamar a Juanjo para que viniera, ya que las contracciones seguían siendo regulares, mientras tanto, me pasaba las contracciones entre la cama, a cuatro patas y el cuarto de baño, que eran los sitios donde más a gusto estaba.

Al llegar Juanjo, me prepararon la piscina, para tenerla disponible cuando quisiera. Las contracciones cada vez se iban haciendo más intensas, pero sentir que, tanto mi chico como Juanjo, estaban ahí apoyándome y dándome lo que necesitaba en cada momento, ayudaba a estar más relajada.

En esos momentos el tiempo ya no tenía sentido para mí… Era una sensación extraña. Como si hubiera 2 yos; una que soportaba las contracciones y otra que estaba feliz esperando la siguiente, pero que no tenían control la una sobre la otra.

No se en que momento llegó María la compañera de Juanjo, y entonces me pidieron permiso para explorarme y ver si se quedaban o se iban. Para mi alegría, estaba ya de 5cm, así que allí nos quedamos todos.

Desayunamos tranquilamente, y después Manu y yo nos fuimos los 2 solos al dormitorio, donde me sentía más cómoda. Allí estuvimos mientras que todo iba haciéndose cada vez más intenso.
Me fui un rato a la piscina, y fue un momento muy relajante. Las contracciones en el agua se pasaban mejor, por lo menos un rato.

Ganas de empujar
Luego me fui otra vez a la cama, hasta que empecé a sentir presión como si tuviera ganas de hacer caca.
En ese momento empecé ha gritar de forma suave, ya que esto me aliviaba. Era algo que no controlaba, simplemente salía con cada contracción. Vinieron las matronas y me dijeron que, si sentía ganas de empujar, lo fuera haciendo.
Estuve andando un poco, cambiando de postura, no se el tiempo que pasó, ni tengo muy claro el orden. Son muchas sensaciones a la vez.

Volví a entrar en la piscina, porque empecé notar mucho calor, y allí estuve lo que me pareció que fue bastante rato. Me iban echando agua calentita, mientras mi chico no se separaba de mí ni un momento, le necesitaba conmigo; era un sentimiento muy fuerte, el no querer que se fuera de mi lado ni un segundo.

Inicio del camino
Cuando ya estaba en el expulsivo, me animaron a cambiar de postura y sentarme un rato en la silla de partos. Fue un gran alivio. A esas alturas estaba ya bastante cansada, aunque notaba que todavía tenía fuerzas en el momento de la contracción. Cuando pasaba me quedaba ¿…? no se como explicarlo … Me llevaron un melocotón en trozos para comer, que me supo a gloria; me volvieron a explorar y tenía la bolsa intacta, y para animarme, cuando la bolsa estaba ya casi asomando Juanjo me invitó a tocarla …

Un paseo por el “otro lado”
… he de decir, que en estos momentos todo lo que había leído sobre los partos sin dolor y todas esas maravillosas sensaciones me parecían un cuento chino, jeje. Me puse muy negativa. Creo que eso influyó mucho en mi percepción del dolor. Ahora, con los días lo veo de otra forma y creo que lo podría llevar de otra manera, pero bueno eso son reflexiones a parte.
Aún cuando me vieron así, tanto mi pareja como las matronas estuvieron a mi lado todo el rato, apoyándome y dándome palabras de aliento; diciéndome lo bien que iba y lo poco que faltaba para estar con mi niña.

Retorno al “Planeta Parto...”
Así que no se en que momento conseguí volver donde estaba antes, que no se si era el planeta parto o por lo menos iba de camino; y la negatividad desapareció y en unos pocos pujos más su cabecita coronó, y sentí el famoso círculo de fuego.

Emma
Entonces Juanjo me dijo que empujara poco a poco, pero se ve que la pequeñaja tenía ganas de salir … y, según salió la cabecita, se escurrió detrás el resto del cuerpo.
Fue algo maravilloso. Enseguida me la pusieron encima, y de ahí nos ayudaron a tumbarnos en la cama donde a los pocos minutós alumbré la placenta.

Cuando el cordón dejó de latir lo cortaron y nos dejaron un buen rato de intimidad. Allí nos quedamos mi niña y yo, tumbadas en la cama, intentando que se enganchara al pecho mientras flotábamos en una nube.
He de decir que no tengo muy claro el orden, y seguramente algunas cosas sucedieran de forma distinta en mi cabeza, jejeje, pero aun así fue maravilloso.

Esos momentos no los cambio por nada del mundo, ha sido una experiencia que ya tengo ganas de repetir. Me ha hecho sentirme poderosa, orgullosa y ¿…? no sé si tengo palabras para expresar todo lo que siento. La energía que se siente, la alegría, la emoción…. Son tantas cosas a la vez, y aunque hubo momentos difíciles, merece la pena pasar por ello, y volver a intentarlo las veces que haga falta.

Verónica, Manu y Emma.

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El Nacimiento de Alén Dara, Relato del parto de Nerea, pincha aquí para ir a su Blog

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Relato del parto de Fran, nacimiento de Miguel y Nicolás: ¿quieres leerlo? pincha aquí

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Su Ser se mostró enseguida ...

EL NACIMIENTO DE ARIEL Y EL PARTO DE SONIA

Su ser se mostró enseguida, insistiendo en que su tiempo para venir a la tierra ya llegaba y que nosotros éramos los padres que había elegido…Nos resistimos unos meses con los miedos típicos: es demasiado pronto, la situación económica no es la mejor, vamos a cambiar de ciudad..
Y a la vez, las ganas de recibir a Ariel crecían en nosotros cada día.. Durante muchas noches nos visitaba con su inmensa luz dorada y su energía amorosa..
Encuentros que jamás olvidaré.. y que ahora con su mirada profunda me recuerda cada momento..
Por fin, paramos la mente, dejamos los miedos a un lado, nos abrimos y ese mismo mes Ariel fue concebido en un mar de amor y entrega .. no lo hubiera soñado mejor…Se mostró, le sentimos, y la vida empezó a latir en mi bendito útero..
Después semanas intensas, dias de sanación con momentos de todo tipo, de limpieza, de crisis, de alegrías, de atrevimiento, de miedos…
Y por fin, diez lunas de crecimiento después, Ariel volvió a llamar a la puerta, otro gran momento estaba a punto de suceder…

Y llegó la gran noche:
Buscó el día que necesitaba donde todas las circunstancias eran las adecuadas para su camino.. Una noche, en la que Miguel estaba trabajando y su hermano Iván en casa de un amigo..
Y yo, disfrutando mi soledad, bailando las canciones que me conectaban a él, observando mi cuerpo, los cambios en mí..En seguida sentí que esa iba a ser la gran noche, pero no sabía que algo distinta a como la había proyectado en mi mente!!
Las contracciones aumentaban de frecuencia y avisé a su padre: “parece que hoy puede ser” (tras muchas noches esperando y creyendo que podía ser, no me atrevía a ser tajante)
Y en un par de horas, la bolsa se rompió bañándome de líquido calentito y claro. Ahora si!! Por fin!!!
Llamé a Miguel, que sin pensarlo avisó a nuestros compañeros de viaje, a María y Juanjo, las matronas, y a Ile, hermanita-doula.
Aún quedaba mucho, así que, sabiamente, ellos, descansaron mientras las contracciones aumentaban y nosotros saboreábamos la cercana llegada de nuestro deseado bebé.
Disfruté estas horas, en mi mundo, conectando con él, sintiendo la música, el espacio como había deseado.. y olvidando mi promesa cuando nació mi Hijo Iván, hace casi 16 años, de descansar lo más posible en la dilatación.. pero quién se hecha a dormir con tanta emoción!!!
Todo discurrió con normalidad..., los angelitos-comadronas actuaron conforme a nuestra petición, sin intervenir, acompañando en la discreción..
Las horas pasaban muy rápido y al amanecer, cuando la intensidad aumentaba empezaron a aparecer los personajes de la historia:
Apareció Doña impaciencia quien no tomó muy bien saber que estaba de 5 ctms, a pesar que Mrs. Expectativas le había asegurados semanas antes que iba a ser un parto corto, en 2 o 3 horitas, todo resuelto..
Y Sonita, mi hermana pequeña en holograma, no lo podía creer: Eso es imposible, jo.. ya estoy muy cansada, han pasado muchas horas.. y Juanjo, le rescató diciendo: “El cuello del útero está muy posterior, vamos a traerlo hacia adelante.. Ahora has ganado 2 cmts”
Y la pequeña Sonita se conformó, eso era otra cosa,7 cms estaba mejor..
Pero según transcurría el principio de la mañana vino de visita el Sr. No puedo, tan gruñón como siempre, pero la hermanita Sayencita le invitó a salir a dar un paseo, “claro que puedes…”
También me visitó un familiar cercano de la Srta. Póngame la Epidural!!, se llamaba: “Y si me tomo un poco de árnica?”.. a la que nuestra hermana doula, le hizo una verónica con la vieja táctica “ perdone, no le escucho bien!” asegurándose de que me sintiera acompañada con un correcto: “¿Tu quieres?” Que con la siguiente contracción pasó al lago del olvido.

Y así, paseo va, paseo viene, haciendo turismo por el baño, comprobando las baldosas del pasillo.. me encontraba con aquel robusto roble llamado María donde me colgaba sin miramientos segura de su fuerza.. pobre roble.. y me abrazaba a mi compañero Miguel haciendo equipo, compartiendo la emoción, sintiendo su cuidado y su preocupación.. “Esto es normal? Va todo bien?..”Como saber que sucede dentro de alguien que está y no está, que grita y ríe casi a la vez..
En varias ocasiones apareció el guardián de la puerta recordándome la necesidad de dejarlo todo para atravesarla.. de entrar vacía, sin peso, sola, sola con mi fuerza.. con mi luz y con mi sombra..
En una de esas puertas, clavada en el pasillo, escuchaba de fondo: “Camina así como un pato, con los pies hacia dentro!” No podía moverme, toda mi atención estaba en conseguir relajar mi mandíbula que se había convertido en acero.. sabía que ahí se encontraba la llave de la siguiente puerta.. a la vez que relajaba mi mandíbula, obediente comencé a caminar como me decían..
Era imposible distinguir a mis pacientes acompañantes. Sin duda hacía tiempo que se habían fundido en una sola fuerza, en un canal a través del cual cuatro ángeles del cielo descendieron para ayudarme, ofreciéndome lo que necesitaba en cada momento, una palabra de ánimo, un espacio de soledad, una mano en el sacro (Benditas manos en el sacro!!!), un toque sanador, un brazo donde apoyarme…

sentía a Ariel más cerca

Con cada intensa contracción sentía a Ariel más cerca, le pedía que saliera, le llamaba.. Imagino, que él hacía lo mismo.. y el equipo funcionó..
Por fin, podía tocar su cabeza con mi mano.. y eso me daba la fuerza para la siguiente contracción..
Pero aún quedaba la gran puerta, en la que mueres para vivir y vives para renacer…
Llegado a ese momento en el que sentía mi cuerpo rompiéndose, y aparecía ese miedo a morir, a romperte por dentro y por fuera… Salió mi poder.. y decidí: Si tengo que morir moriré, si mi cuerpo ha de romperse que lo haga, pero este niño va a nacer para vivir!!
Me incorporé, recuperé la fuerza, no había lugar para más personajes, ahora Sólo Ariel y yo éramos los protagonistas, un último empujón y su preciosa cabeza salió, una pausa, palabras de ánimo, silencio dentro, un par de contracciones y Todo su cuerpo estaba fuera, precioso, rosado, lleno de vida..
Imposible expresar con palabras esa emoción, esa experiencia divina que es tocarle, olerle, su presencia, su mirada…
Y así nació Ariel, con fuerza y seguridad, con claridad de que quiere y que no, cuando y como…. Y así sigue, acompañándonos y llenando nuestros días de alegría de esa que perdura en el corazón..
A los cinco minutos, Ariel estaba mamando, mostrando sus ganas de estar en la Tierra y su fuerza.
Después la placenta, fácil, rápido, suave.. Cuanto sanado!!!!

un nacimiento loto

El cordón nunca fue cortado, Ariel y la placenta permanecieron unidos hasta que el estuvo preparado para el siguiente paso. Ariel tuvo un nacimiento loto. Tras seis días de paciencia, integración, veneración, y mucha maña.. el cordón se soltó de su lindo ombligo, y ocurrió su segundo nacimiento. En esta ocasión un nacimiento al mundo exterior, a conocer a los demás familiares y amigos, el parque…
Sentí que para mí también era un nuevo nacimiento y que había llegado el momento de abrir poco a poco esa ventana que había permanecido cerrada, Estábamos preparados para el mundo porque habíamos creado un núcleo sólido cimentado con amor y cuidado, con tiempo y caricias, un núcleo que es esta nueva familia que ha nacido junto a Ariel.

Gracias…gracias Ariel por venir, por elegirnos para acompañarte en tu camino, por tocarnos con tu luz, gracias Universo por este gran regalo, gracias cuerpo, bendito útero..gracias Miguel por permanecer y dejar que el tiempo colocara todo en su lugar, gracias por tu amor…..gracias Iván, por tanto compartido, por tu luz y tu apoyo, por permitir el regalo de verte crecer y convertirte en el hombre que eres, ésta nueva maternidad nos acerca más aún más si cabe..gracias Ile, hermana, tanto compartido, tanta complicidad en nuestro crecimiento, tanto disfrutado, y ahora, sentir tu apoyo, tu respeto me ha recordado mi fuerza en esos momentos de debilidad.. Gracias Décima Luna por acompañarnos en esta aventura…gracias a todos los seres visibles e invisibles que nos habéis ayudado.. gracias Kwan Yin, gracias Lady Nada, gracias Inanna …

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*** NACIMIENTO DE RUBÉN ***

Relato de Lucía Sanchez Valdehita

Rubén nació el 21 de Septiembre de 2011, en nuestra casa, en la piscina de partos; estuvimos acompañados por Juanjo y Graciela, dos comadronas del equipo de atención al parto en casa “En La Décima Luna”, y verdad que todo fue fenomenal, tal y como deseábamos. Desde que empezó el trabajo de parto propiamente dicho (llegué a dilatar 4cm casi sin enterarme), a las 19:30h del martes 20 de Septiembre, estuve sentada en una pelota de pilates para aliviar las contracciones bastante tiempo, hasta que Juanjo me animó a meterme en la piscina. Una vez allí, tras un rato en el agua, las contracciones empezaron a ser más fuertes, y es ahí cuando empecé a usar las vocalizaciones que habíamos aprendido 15 días antes en una sesión de Musicoterapia Prenatal con Esther...y la verdad que me fueron muy bien....

De todo lo que nos enseñó, a mi me vinieron muy bien las vocalizaciones con la A para ABRIR (bueno, realmente, fue lo único que usé, porque en ese momento es lo que te pida el cuerpo, no puedes tener nada “previsto”, porque luego harás lo que mejor creas en cada instante). Así que empecé a vocalizar: "aaaaaaaaaaa"…..en los “picos” de la contracciones, y luego ya paraba y me quedaba controlándolo con la respiración. Sobre todo, es muy importante el acompañamiento; Esther nos lo había dicho en la sesión de canto prenatal, aunque luego nunca se sabe qué es lo que vas a necesitar, nos habló de muchas cosas, pero en mi caso, me vino MUY MUY BIEN que vocalizaran conmigo, porque a veces me costaba arrancar con un sonido amplio y grave, me salía muy cerrada, y Nacho (mi marido) o a veces Juanjo se ponían a vocalizar conmigo, para ayudarme a abrir: "AAAA" y la verdad que ayudó muchísimo que alguien más cantara conmigo....a veces yo paraba, y les decía: “Aunque yo pare tu sigueeee”, porque así me “enganchaba” mejor la siguiente vez… cuando no me salía el sonido, AYUDABA UN MONTON que alguien lo hiciera....

Otra de las cosas que hicimos, tal y como nos propuso Esther, fue tener preparada una canción para Rubén cuando naciera, y cual fue la casualidad, que entre las canciones que teníamos puestas durante todo el parto (las mismas que yo había estado escuchando durante el embarazo), fue a sonar “su canción”, y dijo Nacho: “Va a nacer justo con su canción!!” Y así fue, pocos minutos después, tras 5 horas de trabajo de parto (2 en la pelota y 3 en la piscina), nació Rubén a las 00:29h del 21 de Septiembre…en el agua y justo en la fecha en que salía de cuentas y una día muy especial para todos: el 21.

*** Nacho, Lucía y Rubén ***

UN SALUDO

LUCIA

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Nacimiento de Nohan

Relato de Esther y Gus

¡¡¡ Queridos familiares y amigos ¡¡¡

Os escribo tras estos días de silencio, de risas, mimos, emociones, amor,
miradas, besos, abrazos, felicidad y calor, desde la llegada de nuestro
querido hijo Nohan. En primer lugar quiero agradeceros a todos todo el amor,
el cariño, el respeto y el apoyo que nos habéis dado tanto en el embarazo,
como en el parto y también en estos días, que nos han llegado a los tres a
través de vuestra compañía y vuestras llamadas y mensajes. Gracias de
corazón en este momento tan importante de nuestra vida, nunca lo
olvidaremos.

Como todos os imaginaréis llevamos desde el día 31 a las 11:02 de la mañana
embelesados con nuestro pequeño, disfrutando de él en cada momento y
comenzando muy felices los tres esta nueva etapa de nuestra familia. Ya han
hecho tres semanas desde que Nohan naciera y yo le diera a luz, en casa, en
un entorno respetuoso y tranquilo, con el maravilloso y sutil acompañamiento
de dos comadronas (Graciela y Juanjo... gracias¡) y la importantísima
presencia de Gus, que supo estar a nuestro lado como papá y como pareja (te
queremos¡), confiando en que nosotros sabríamos perfectamente qué hacer en
cada momento y aportándonos todo el apoyo que necesitábamos en cada momento,
en forma de sonido, de caricia y de presencia.

Y fué preciso, tras unas 7 horas de dilatación y unos 20 minutos de
"expulsivo" (qué palabra tan poco adecuada para un momento como ese,
verdad?) nació Nohan, precedido y protegido por su bolsita, que le acompañó
casi todo el camino, y acompañado en todo momento por mi pensamiento, mis
caricias y por mi voz (que tanto me ayudó a concentrarme, estar presente y
relajarme en la dilatación y conectarme con mi cuerpo y mi pequeño en cada
contracción .... viva el canto prenatal ¡¡¡). Y por fín pudimos mirarnos a
los ojos y pude abrazarte y besarte hijo, como tantísimo había soñado. Para
mí ha sido hasta ahora el momento más maravilloso e intenso de mi vida, un
maravilloso aprendizaje de confianza en la vida y de toma de conciencia de
mi propio proceso de empoderamiento como madre y como mujer.

Desde entonces el tiempo parece haber tomado otra dimensión diferente. Las
horas pasan rapidísimo mirándote entre mis brazos, dándote el pecho,
disfrutando de cada fugaz momento, de cada sonrisa, de cada vez que abres
tus vivos ojitos, de verte cambiar y crecer, dormir... .Gracias hijo por
todo lo que me has enseñado, me enseñas cada día y me enseñarás toda la
vida.

Así que os envío unas fotitos de mi pequeño maestro... y cuando tenga otro
ratito os seguiré contando.

Mil amores para todos y gracias de corazón por estar ahí.
Os queremos muchísimo,
Esther, Nohan y Gustavo

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Nacimiento de Maya

Relato de Chus Marcos

Maya es mi tercera hija, casi con seguridad la última. Me atrevo a decir que ha venido a mi vida con algo muy especial. Para empezar, su nacimiento no fue como esperaba. Fue distinto. Fue mejor.
Rompí la bolsa en medio de un ataque de tos, a las cuatro de la mañana. Primera novedad, porque en mis otros dos partos la bolsa se rompió durante el expulsivo, sumergida en el agua. Tuve así la oportunidad de ver por mi primera vez mi líquido amniótico, limpio y transparente, y aunque salía poca cantidad no dudé de que lo era por su olor, inconfundible, en nada semejante a la orina o al flujo vaginal, más parecido al olor del semen. Aún era de madrugada; me limité a cambiarme y regresé a la cama. No había otras señales de parto. Estaba de 40+1 (otra novedad: las mayores nacieron en la semana 39)

Ese día, después de comer, la niña cambió de postura y empezó a salir bastante líquido. Aunque hubiera preferido reservarme la noticia, fue ya tan evidente que se lo dije a mi marido. Durante la tarde fueron llegando contracciones bastante molestas, escasas pero dolorosas, lo cual me desconcertó, porque la experiencia de mi segundo parto, en el que dilaté sin experimentar dolor alguno, me había hecho bajar la guardia y confiar que esta vez tampoco iba a doler. ¡Me equivoqué de lado a lado! A las diez de la noche, con mis hijas por fin dormidas, decidí llamar a las matronas, ya que tienen una hora y media de viaje y no quería pecar de imprudente. Las contracciones eran pocas pero recordaba de mi anterior parto esa misma sensación de tener muy pocas contracciones (que además no dolían) y encontrarme de repente en el expulsivo, así que para no correr riesgos y dada la bolsa rota, las llamé.

A medianoche ya estaban aquí María y Graciela, el parto seguía suave, me acosté yo sola y me concentré en mi cuerpo, en dejarme llevar por cada contracción, dormitando entre ellas, intentando detener la actividad de mi mente racional, esperando que en un par de horas todo estuviera hecho. Me equivoqué otra vez.

A las cinco de la mañana, cansada y aburrida, sin saber si aquello iba o no iba, decidí meterme en la bañera, con la esperanza de que el parto se detuviera o se acelerara, pero al menos no seguir como estaba. La mala suerte hizo que esa noche la caldera del edificio se hubiera desconectado accidentalmente, así que el agua salía caliente del depósito, pero no demasiado, y la calefacción no funcionaba. El ambiente no estaba lo bastante caldeado, sentía frío, así que aunque no quería compañía llamé a las matronas y entre ellas y mi marido se dedicaron a añadir ollas de agua caliente a la bañera; María me echaba agua sobre la panza y también en los pezones, buscando estimular un poco las contracciones. Así pasé otro par de horas, sin que el ritmo del parto aumentara, y sintiéndome un poco decepcionada, o más bien estafada: ¡yo esperaba un parto más rápido, más "cómodo"!

Salí de la bañera cuando eran las siete de la mañana, María me exploró y estaba de ocho cms y con el cuello muy blando. La noticia me animó porque no imaginaba cuánto estaba avanzando el parto. Me quedé de nuevo sola en mi cuarto caminando y, ahora sí, disfrutando de las contracciones que al fin llegaban potentes y frecuentes. Eran bastante dolorosas, pero absolutamente soportables; me encantaba meterme dentro de ellas, sentirlas a fondo, ayudarles a hacer su trabajo. De nuevo esperaba que aquello fuera rápido, y de nuevo me equivoqué. Tras más de una hora sentía cada vez que ya llegaba el momento, que ésa era la definitiva, que era el preludio del reflejo de eyección fetal, pero no ocurría nada. La contracción pasaba y venía otra y de nuevo la misma entrega, la misma expectativa y la misma frustración. A menudo me tocaba la vulva esperando sentir en los dedos la cabecita de mi niña, pero allí no había aún nada. Las matronas ya estaban allí conmigo, María escuchaba con frecuencia a Maya, su corazón sonaba como música. Habían traído la silla de partos, pero no me animaba a sentarme en ella, el cuerpo me pedía otra cosa: estar de pie, luego en cuclillas, luego a cuatro patas... Lo probé todo y no estaba bien en ninguna postura. Empezaba a fallarme la concentración, la noche tan larga me pasaba factura, sabía que tras la persiana había sol, ya era de día, y yo no acababa de parir, ¿por qué? Tenía tantas ganas de tener a Maya en mis brazos, de besarla, olerla, adorarla. Al fin me puse en la silla de partos, las contracciones eran muy dolorosas y echaba de menos que fuera mi cuerpo quien pujara espontáneamente, como había ocurrido con Candela. Comprendía que esta vez tenía que ser yo la que
empujara, a pesar del miedo y el dolor, y entonces María me exploró y me dijo que ya sólo faltaban dos contracciones, que la niña estaba casi allí. No la creí pero acepté que ahora mi trabajo era pujar, y lo hice, pujé con toda el alma, gritando, llorando, maldiciendo, sentí con mayor claridad que en mis anteriores partos cómo bajaba Maya, cómo se distendían mis tejidos, el ardor insoportable al coronar la cabeza, su cuerpecillo quieto aún en mis entrañas aguardando a la siguiente contracción, y al fin el último pujo y el alivio indescriptible, gozoso, al deslizarse fuera de mí mi hija y venir a mis brazos, sin más llantos que los míos. Maya no lloró, llorábamos los que allí estábamos por la emoción, maravillados ante esa niña perfecta y pequeña, tan guapa, tan mágica. A los diez minutos se despertó Eva, al rato Candela, conocieron a Maya con curiosidad y emoción, pero pronto les interesó más el chocolate con churros que prometió papá.

Alumbré la placenta enseguida, y esta vez me entretuve en mirarla (las otras fueron a la basura sin mucha ceremonia, ésta me apetece llevarla a mi pueblo, al huerto de mi madre). Maya estaba muy tranquila, apenas abrió los ojos. Al rato deseé levantarme, mi marido la cogió en brazos, me duché y me acosté decidida a pasarme el día en la cama, desnuda con mi bebé, dejándome querer y cuidar, mientras me emborrachaba de ella.

Pronto cumplirá un mes y nada es como yo esperaba. Es distinto. Es mejor.
Gracias a mis hijas, a mi marido, a mis matronas.


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Nacimiento de Edurne
Relato de Cristina, ama


El día que nació Edurne
Todo comenzó de la forma más bonita que podía empezar una historia con
final feliz, haciendo el amor.
Fue un domingo 21 de agosto y Ángel ya había hecho una llamadita a Juanjo
para contarle que habíamos llegado a la semana cuarenta y comentarle como
me veía. ¿Qué mejor recomendación existe para que comience bien
cualquier proceso en armonía y con buen pie, que la de “sexo y vino” Pues
así fue, así arranco muy lentamente el trabajo de parto de Edurne.
Después de hacer el amor, cómo pudimos por el volumen de mi panza,
entre risas, y con la ternura que requería aquel momento, se empezó a
desprender el tapón mucoso. Era cuestión de días quizás horas, había
llegado el momento.
Después de pasar unos días con pequeñas perdidas del mencionado tapón y
con leves contracciones, llegamos al martes veintitrés ansiosos y expectantes,
sin saber si sería ese mismo día o no.
Según pasaba el día las contracciones iban siendo más frecuentes y de mayor
intensidad, de tal forma que me tenía que agachar para controlar el dolor.
Ya por la noche, a la hora de acostar a Jon tenía que concentrarme en la
respiración para sobrellevarlas. Había llegado el momento, y no éramos
conscientes. Nuestra Edurne ya estaba en camino, era cuestión de horas
poder tocarla, olerla, sentirla más cerca si cabe.
Con Jon dormido comencé a sentir las contracciones más frecuentes y de
mayor intensidad, como una loba que busca su refugio para parir e inmersa
en mi “planeta parto” buscaba la manera de contrarrestar el dolor con cada
contracción, me resultaba más fácil de lo que recordaba con Jon.
Días atrás habíamos colgado una barra en el pasillo de la casa, de la cual
colgaba una sábana de tacto muy agradable, en la que con cada contracción
yo me colgaba, unas veces sentada, otras de pie, y concentraba toda mi
energía sobre mis caderas y mi pelvis, mandándole la orden de ir abriéndose
poco a poco para ayudar a Edurne en su viaje a través de mis entrañas. Me
resultaba cómodo y no temía que llegase la siguiente contracción, tenía el
control, me sentía fuerte y segura.
Entre tanto Ángel siempre a mi lado y en silencio vigilaba mis movimientos,
yo le sentía cerca, veía su sombra siempre conmigo, cuando pasaba la
contracción a veces me dirigía a él, otras ni le contestaba a sus preguntas
“¿estás bien?, ¿ eso ha sido una contracción?”
No recuerdo a que hora, cansada y con sueño, me tumbé en la cama
esperando a la siguiente contracción, y me desperté a las cinco y diez
minutos de la mañana con una contracción fuerte, era diferente, ya no podía
controlar el dolor con tanta facilidad, así que esperé a la siguiente para
identificar si el cambio había ocurrido. Pasaron siete minutos y llegó la
siguiente, me costó trabajo llegar hasta la barra y colgarme, fue igual que la
anterior, el proceso estaba avanzando, pensé “ha llegado la hora de meterme
en la bañera, quizás allí pueda controlar mejor este nuevo dolor”.
Cuando pasó la contracción fui a la cama donde se había acostado Ángel a
descansar y le desperté, y no recuerdo si pensé o le dije que avisase ya a
Juanjo y Graciela, porque de repente llegó otra contracción, apenas me dio
tiempo a llegar a la barra, con la ayuda de Ángel atravesar el pasillo, se me
hizo eterno, como el que ansía llegar a la cima de una montaña y esos
metros parecen kilómetros.
Entonces fue cuando le dije a Ángel, “Llena la bañera”, no podía mantener
una conversación con él pero era muy consciente de lo que me estaba
pasando, incluso llegué a pensar que no estaba completamente metida en mi
mundo parto, y nada más lejos de la realidad, reconocía cada momento,
cada dolor, cada sensación porque la había vivido con Jon.
Una vez lista la bañera, Ángel me acompañó y al entrar me resultó estar muy
iluminado, apenas la luz de dos velas alumbraba el lugar y a mí me parecían
focos, buscaba mi guarida, mi cueva.
Una vez templada el agua, ya que me pareció que estaba demasiado caliente,
me metí deseando tener las mismas sensaciones que cuando tuve a Jon.
Cuál fue mi sorpresa cuando en la primera contracción que me vino inmersa
en el agua ya tenía ganas de pujar....” Ay Dios” pensé “Esto va más rápido de
lo que pensaba” esperé a la siguiente contracción para comprobar que
realmente eran ganas de pujar, y efectivamente...eran pujos, los primeros...
Entonces pensé, “una contracción más, y salgo de aquí, debo salir del agua,
aquí no podré pujar eficazmente si la cosa se acelera”
Para la sorpresa de Ángel, imagino, le dije, “quiero salir de aquí”, sin darle
más detalles, y me dispuse a buscar de nuevo mi lugar. No acababa de pisar
con los dos pies en el suelo cuando me vino otra contracción, dios mío no
sabía dónde agarrarme, dónde colgarme para contrarrestar el dolor, allí
estaban los toalleros, pues los arranqué de cuajo... y me aferré con fuerza a
Ángel.
Entonces la sensación de frío recorrió todo mi cuerpo, las contracciones
eran fuertes, y solo deseaba oír el timbre, Juanjo y Graciela no llegaban. De
repente sonó en timbre y le dije a Ángel, “Abre”. Graciela estaba subiendo,
la oí entrar y charlar con Ángel, se asombró al ver la barra, yo no podía
hablar con ellos. Entonces se arrodilló ante mí y comprobó el latido de
Edurne, “está perfecta” dijo. Enseguida se dio cuenta de que ya tenía pujos
involuntarios y se lo dijo a Ángel. Todo iba perfecto.
De alguna manera me relajé, ya no estábamos solos, y de nuevo volví a
concentrarme en mis contracciones, recordaba las palabras de Carmen
Mújica, la ginecóloga que me acompañó en el parto de Jon “deja la
contracción que se vaya, suéltala” y me sirvió de gran ayuda.
Saber que el momento se acercaba me llenaba de fuerza y energía, ya
quedaba menos, el final estaba cerca y estaba preparada.
Entonces cuando la contracción cesaba me sentaba en la silla, pero sabía que
allí no podía ser, necesitaba que Juanjo llegase con la silla de partos, era otro
de mis talismanes.
Fue entonces cuando para controlar las contracciones me puse de pie,
recordaba haber visto aquella imagen en algún sitio, la imagen de una mujer
de pie con una pierna sobre una silla.
Agarrada con fuerza a la barra, sentía mucha presión en mi interior y unas
ganas de pujar con más fuerza, estuve a punto de arrancar la barra de la
pared, menos mal que Ángel la sujetaba mientras yo tiraba de ella.
En segundos pasó el dolor, y escuché a Ángel hablar con Juanjo por
teléfono, ya estaba aparcando, volví a sentir alivio, la silla, solo deseaba
sentarme en aquella silla de partos. No vi llegar a Juanjo, solo que una
sombra acercaba la silla, mientras apartaban la del despacho, dónde había
descansado durante todo el proceso. Le pedí a Ángel que me sujetase por
detrás, me abrazó y sentí como su energía recorría en segundos todo mi
cuerpo.
En dos contracciones sentí el circulo de fuego, lo reconocí perfectamente, ya
está aquí mi niña pensé, ya quiere salir, y concentré mi energía en aquel
punto, entonces oí a Juanjo “despacio”, dijo, y aflojé. Y salió su cabeza, qué
mezcla de sentimientos, debía descansar para la contracción siguiente, un
último empujón y estaría con nosotros. Graciela dijo entonces, “lo estás
haciendo muy bien, pronto no te acordarás de esto, ya falta poco”. Estaba
ansiosa de que llegase la siguiente, y mientras me intentaba concentrar en la
respiración llegó, apreté con fuerza y salió Edurne de mi interior, a las siete
de la mañana del veinticuatro de agosto, nueve meses habíamos esperado
para tenerla en nuestros brazos, ¿cómo se puede sentir tanto amor en
cuestión de segundos?. Mi niña, lloró, su cordón era corto y me costaba
sujetarla con tanta emoción, mis músculos no me respondían, había sido un
parto rápido, me resultó fácil, sin duda fue maravilloso volver a vivir la
experiencia, mucho más consciente de todo, más segura.
Quién lo hubiese imaginado después de tantas dudas, tantos temores.
Agradecí a Juanjo y a Graciela por estar con nosotros, besé a Ángel, mi
compañero para siempre, “el que siempre me ha salvado de los peligros”...
Ya tumbada en la cama, con Edurne pegada a la teta y pasado un tiempo,
Juanjo pinzó el cordón para que Ángel procediera a cortarlo. Solo faltaba la
placenta y aquel proceso que comenzó hacía nueve meses completaría su
ciclo. Tras una sencilla maniobra, allí estaba en las manos de Juanjo, le
dimos gracias por haber hecho su labor, entonces Graciela me preguntó si
quería un zumo con parte de placenta y le dije que sí. Aquel zumo hecho
con melocotón y una pequeña parte de aquel poderoso órgano me resultó
sabroso y refrescante.
Las horas posteriores fueron inexplicables, estábamos en casa, con nuestros
hijos, Jon seguía durmiendo, Edurne mamaba y estábamos tranquilos
disfrutando de aquella nueva situación.
Juanjo y Graciela recogieron todo como hormiguitas, sin hacer ni un ruido.
A las diez de la mañana aproximadamente, estábamos desayunando los
cuatro en la cocina, compartiendo risas y mucha complicidad, yo ya me
había duchado, y me encontraba feliz, mis hijos dormían tranquilos.
A las once de la mañana nos despedimos de Juanjo y Graciela y fuimos a
despertar a Jon para contarle que Edurne ya estaba en casa. Estaba feliz de
ver a su hermana, la miraba y tocaba con asombro... qué momento tan
entrañable.
Pasamos el resto del día en casa, habíamos decidido disfrutar de aquel
momento al máximo y en calma, necesitábamos digerir tanta felicidad, así
que decidimos no avisar a la familia hasta el día siguiente.
Ángel y yo nos mirábamos, entre sonrisas y miradas cómplices viendo a
nuestros hijos, recordándolos momentos vividos aquella noche, toda la casa
parecía oler a oxitocina natural, sentía una energía por toda la casa difícil de
explicar, comimos, dormimos... fue perfecto.
¿Cómo se puede explicar con palabras lo vivido aquel 24 de agosto? Se
queda para siempre en nuestros corazones, con imágenes, sensaciones,
olores. Este relato tiene la única función de ser una pequeña muestra para
aquellos que no lo vivieron junto a nosotros, o no eran conscientes. Para
nosotros (Ángel, Graciela, Juanjo y yo misma) fue una realidad y así la
guardamos cada uno dentro de nuestro corazón para siempre.
Gracias a todas las personas que han contribuido para que este relato sea
una realidad, Patricia desde Venezuela que me desbordó con información
sobre como parir en casa en España, Emilio que me puso en contacto con
Graciela, las chicas de “El parto es nuestro”, que fueron un apoyo
fundamental compartiendo sus experiencias, y sobre todo a nuestras
comadronas: a María, que gracias a la charleta que tuve con ella me hizo ver
las cosas de otra manera, a Graciela y a Juanjo por estar con nosotros aquel
día, por su cariño, sus abrazos de verdad, sus consejos, su profesionalidad....
tres personas que sin apenas conocerlas ya tienen un lugar
muy especial dentro de mi corazón.
Y por supuesto a nuestros amigos cómplices, a los que
contamos nuestro “secreto” y nos apoyaron al máximo y
nos dieron todo su apoyo desde todos los lugares del
mundo, especialmente a Ger que deseó tanto vivir la
experiencia con nosotros.
Ama, Madrid 9 de septiembre 2011
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Nacimiento de Edurne
Relato de Ángel, aita

Nacimiento de Edurne según la mirada de su padre.
24 de agosto de 2011
En este segundo embarazo y parto todo ha sido distinto aunque igual de apasionante.
Después de casi tres años en el extranjero y regresando a Madrid, una ciudad del
“primer mundo” hemos tenido que luchar contra el sistema y por un parto natural, libre
y armónico.
Si, si, no nos podíamos imaginar que hubiéramos tardado tanto en decidirnos cómo y
dónde queríamos tener a nuestra segunda bebé. Lo único que teníamos claro es nuestra
maravillosa experiencia con el parto armónico de nuestro primer hijo, Jon (en
Venezuela en una clínica pro-parto natural, dilatación en agua, parto vertical, con
mucho cariño y amor).
Nuestra andadura prácticamente comenzó en el primer mes de un embarazado normal y
tranquilo, cuando teníamos la confianza de que el Sistema Sanitario publico nos diera la
oportunidad real de poder parir como deseábamos. En la comunidad de Madrid, vimos
varios hospitales muy intervensionistas como La Paz (ideal junto a casa), otros que
quieren empezar a dejarlo como el “12 de Octubre” y otros más pro-parto natural como
el de Valdemoro (al sur de Madrid y muy lejos de casa en el Barrio del Pilar).
Lástima que no teníamos un hospital con un protocolo claro y bien definido como el del
Hospital de Úbeda (Jaén) o el de La Costa del Sol (Málaga). ¿¿Por qué mi compañera
no podía tener la opción de elegir cómo parir y de qué manera tal y como nos dice la
Organización Mundial de la Salud quien aboga por respetar los derechos de las mujeres
y la libertad a la hora de parir??
Entre tanto, conocimos algunas referencias de gente que había parido en casa (qué
locura!, pensamos inicialmente), gente que habia parido en la clínica de la carretera de
la Coruña, parto en agua (“Qum-Acua”), ...y hasta nos atrevimos a asistir a una reunión
de la asociación “El parto es nuestro”.
Todo esto que explico en pocas líneas duró 6 meses...y todavía sin saber dónde íbamos
a parir!!
Contactamos con el ginecólogo-obstetra, Emilio Santos para asistirnos en un parto en
casa, pero él no podía en agosto, nos recomendó a Graciela, Juanjo y Maria (“En la
Décima Luna”). Después Emilio nos dijo que si podía, entre tanto Cris y yo tuvimos una
crisis y se marchó a Bilbao una semana con nuestro hijo. Al regresar tuvo una agradable
charla con Maria de “En la décima Luna” y le ayudo mucho. En fin un tremendo lío!!
Finalmente, y en el 7º mes, mi compañera y yo decidimos organizar un parto en casa
con el equipo ganador Graciela, Juanjo y María. Ya nos sentíamos fuertes, seguros y
unidos como una piña! Ya se nos quitaron los miedos que teníamos respecto de quién se
iba a ocupar de Jon cuando Cris estuviera pariendo si yo estaba con ella.
Al final del día lunes 22 de agosto, Cris se encontraba muy cansada y con ligeros
dolores en el bajo vientre. Hay que decir que ya estaba en la semana 40 y 3 días.
En esos días hablábamos mucho con Juanjo y Graciela, que nos transmitían tranquilidad
y buenos consejos. Bueno, hay que señalar que con la semana 40 cumplida, Juanjo nos
recomendó que nos quisiéramos mucho-mucho y por qué no, tomar una copita de vino
tinto.
El martes 23 de agosto, esos dolorcillos iban increchendo y algunos trocitos del tapón
mucoso se dejaban ver.
Ese martes, Cris se dio un baño relajante, con velas y olor a lavanda, en la bañera que
utilizaría en su trabajo de parto. ¿la mamá loba quería probar la cueva dónde iba a
parir...?
Ah, se me olvidaba, días atrás, mientras preparábamos el nido para esperar a la niña,
coloqué una barra en el pasillo para colgar una agradable sábana. ¿Os imaginais para
que era...?
Antes de las 11 de la noche fuimos a dormir a Jon. Mientras en la cama de matrimonio
su mamá le daba el pecho, le venián contraciones que intentaba sobrellevar apoyando
una almohada sobre su vientre y, también así, evitando alguna patadita del primogénito.
Nuestro hijo nos sorprendió mucho, y a pesar de sus problemas de sueño, esa noche de
forma instintiva durmió como un buen cachorrito.
Esa noche fue La Noche, La Gran Noche! A partir de las 12 de la noche, empezaban las
contracciones algo más fuertes y Cris las recibía colgando sus brazos en la barra del
pasillo dónde, según parecía, las sobrellevaba mucho mejor. Yo, intentaba según sus
gestos y gemidos calcular, más o menos, qué frecuencia y qué duración tenían dichas
contracciones. No podía hablar mucho con Cris, porque lo único que conseguía era un
gruñido. La loba estaba en su “Planeta Parto”!
A las 2:48 de la madrugada, ya del día 24 de agosto, envié un mensajito a Juanjo y
Graciela que decía: “Cris lleva unas 2 horas con contracciones de 30 seg cada 7 u 8
minutos. Estamos tranquilos. Os seguimos informando. Saludos. Ángel”. Este mensaje
lo envié sin decirle nada a Cris. Después, Cris dijo de dormir un rato en una camita
pequeña y yo no sé por que lo acepté. Me tenía que haber quedado con ella. Cris se
quedó en esa camita y yo me fui a la cama grande con Jon. Supongo que dormimos
algo.
Ay, ay, ay, a las 5 de la mañana, Cris tuvo dos contracciones fuertes y cuando las
campeó un poco, pudo ir al otro lado del pasillo para avisarme.
Rápidamente preparé el baño contiguo a la habitación donde dormía Jon. Muy poca luz
y sales de lavanda en la bañera con agua caliente. Cuando entró Cris en el baño dijo
“menos luz, quiero menos luz”. Estuvo en posición casi fetal en la bañera durante media
hora sobrellevando las contracciones (después, me enteré que ya en la bañera le entraron
ganas de pujar).
En ese silencio, yo pensaba de todo. Pensaba que “de momento todo esta saliendo bien,
que todos los sapos y algunos malos rollos durante el embarazo no fueron exteriorizados
por Cris, ni por mi”, “todo lo contrario, estábamos en la misma onda, en la onda que
marcaba la mujer que estaba pariendo”
Ah, antes de entrar en el baño llamé por teléfono a Graciela y Juanjo para pedirles que
vinieran ya a casa. Eran las 5.30 de la mañana y ahora la carretera de Valencia y
Villalba estaban más lejos que nunca.
Cuando estaba en el baño junto a Cris, pensaba de todo. La ideá predominante era que
“...estos no vienen....estos cuanto tardaran?” (más tarde, Cris me compartió que a ella
también le reinaba ese pensamiento y que me veía a mi como el partero de su parto,
je,je,je).
Después de la media hora en la bañera, con una Cris muy metida en su papel, y quizás
mucho más consciente de lo que estaba haciendo que en el parto de Jon, se dirigió a
situarse debajo de la barra del pasillo, sentarse en una silla con ruedas y a concalgarse
de la sábana cuando le venía una contracción.
El padre de la futura criatura sólo parecía tranquilo porque la idea de “no vienen estos” ,
“les he llamado algo tarde” no salía de su cabeza.
A las 6 de la mañana llegaba Graciela, y prácticamente sin saludarnos, y como una
profesional, se fue derecha a ver a Cris y a medir las pulsaciones del bebé que estaba en
puertas. Ella dijo “las pulsaciones están muy bien y parece que esto es inminente”.
Volví a llamar a Juanjo para saber dónde estaba! El no tenía la culpa de que yo le
hubiese llamado algo tarde. Faltaba la silla de parir y la tenía Juanjo!! Llegó, si, Juanjo
llegó a casa corriendo y con la silla en la mano. Sustituimos la silla con ruedas con la
tan deseada sillita de madera. Cris, la estaba esperando como agua de mayo. Fue
sentarse en la sillita, mientras se colgaba de la sábana, cuando la niña ya había
coronado.
Yo estaba junto a Cris y en el siguiente pujo, salió toda la cabeza de la bebé. En este
pujo, Juanjo le indicaba a Cris “despacio, más despacio”. En ese momento, Cris me
pidió que me pusiera detrás de ella para que se apoyara en los siguientes pujos. Con la
cabeza fuera de la niña, y descansar un poco, vino otro pujo que trajo a EDURNE al
mundo!! Eran las 7:04 de la mañana del miércoles del 24 de agosto de 2011. Las
palabras que describen literalmente como fue el precioso parto fueron las de la madre
cuando ya salió la bebé “Qué rápido, qué rápido todo”. Pareciera que ella no hubiese
hecho nada, je,je,je...
Graciela recibió a Edurne en sus brazos y rápidamente se la puso, aún ensangrentada, a
su mamá en el pecho, mientras ésta estaba sentada. En seguida se levantó y la
acompañamos hasta la camita donde allí tumbada y con mucho cariño se la pego al
pecho. El cordón era corto (igual que el de su hermano) y esperamos el tiempo
suficiente para conceder al padre de la criatura el honor de cortar aquel duro pellejo.
Después de unos 40 minutos, y con la ayuda de las manos de Juanjo, Cris expulso la
placenta sin problemas.
Algo que nos sorprendió y que nos gustó vivir fue la propuesta natural de Graciela
cuando dijo “Mamá, os gustaría un zumito de frutas con un trocito de placenta?”. No lo
sabíamos, y hasta el padre probó aquella bebida revitalizante.
Qué alegría, también que mezcla de sensaciones como en el parto de nuestro primer
hijo. Ayyyy, todo ha salido genial, como lo habíamos preparado y estábamos muy
contentos, y en particular yo estaba muy orgullo de Cris como mujer y madre que ha
sabido recuperar todo lo auténtico de su primer parto para crecer y ser más fuerte en este
maravilloso parto armónico y fisiológico. Un parto en casa para contar, difundir y
explicar tantas veces como se nos presente. La bandera de nuestra familia de cómo
vemos el parto de una mujer sigue bien alta y la ondearemos en todos los foros que
consideremos incluso en aquellos donde el auditorio no sea todo lo receptivo que podría
ser si nos rodeásemos de la gente que nos quiere, nos comprende y que defiende esta
natural manera de traer los niños al mundo!
Esa mañana, mientras nuestro cachorro Jon aun dormía, nos sentimos muy tranquilos y
arropados por nuestra comadrona-Juanjo (que así le gusta que le llamen) y por nuestra
comadrona-Graciela mientras compartíamos las horas posteriores al parto hasta el
agradable desayuno a eso de las 9 de la mañana.
Gracias Juanjo, Graciela y Maria por que formáis un tridente demoledor con las puntas
romas, que no pinchan sino que acarician, que no presionan e imponen sino que entran
con la palabra y la experiencia. Gracias por apoyarnos en este inolvidable capitulo de
nuestra familia!

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